Miedos en la Infancia y Adolescencia


El miedo constituye un sistema de alarma primitivo que permite al niño evitar situaciones que pueden llegar a ser potencialmente peligrosas. Son fenómenos normales, adaptativos y frecuentes, especialmente comunes en la infancia y adolescencia. Es una emoción que se experimenta a lo largo de la vida, aunque las situaciones temidas varían con la edad.


A los payasos, a la oscuridad, a los insectos, a estar solo en casa... ¿Quién no ha tenido miedo alguna vez? Como adultos somos "capaces" de controlar esa emoción, en cambio, a nuestros hijos les resulta más difícil.


El miedo es bueno en el sentido de que nos está informando que nos faltan recursos para enfrentarnos a lo que tenemos delante, ya sea un monstruo, un payaso, un examen, mi primer día de conducción… Por lo tanto, una vez que hemos tomado conciencia de esa emoción, podemos empezar a ver cuáles son esos recursos que pueden faltar para hacer frente a esa situación.


- Validar esa emoción


- Respetar sus emociones.


- Escuchar con atención sus comentarios, escuchar con calma y no caer en el interrogatorio.


- Estar cerca


- Entenderlos.


- No evitar el miedo buscar, las herramientas para superarlo.


- Se puede buscar la solución de manera conjunta. Preguntarle qué quiere hacer ante la situación, preguntarle qué necesita.



En muchas ocasiones los miedos de nuestros hijos pueden surgir de los miedos propios de los padres, puede ser que limitemos su actividad por nuestros propios miedos.

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